"No, debes sentirlos, paladearlos:
quien ama el placer, por placer ha de caer"
quien ama el placer, por placer ha de caer"
Fausto es a la cultura occidental lo que los Beatles al moderneo: un algo medular. Y si bien Goethe es a todas luces mucho más exuberante, Marlowe pone las bases para convertir la historia de un teólogo nigromante en un mito.
A nivel narrativo, es más Calderón que Shakespeare: le falta un pelín, se nota el lastre medieval. Pero hay hallazgos que ponen la piel de gallina. En el último acto parece como si el autor acabase de invertarse el concepto de suspense. Fausto espera su condena, y todas las palabras que necesita para expresar su terror - justas, medidas, dramáticas - a su vez dilatan el momento y se expresan dando cuerpo al tiempo que, musicalmente, pasa como una imágen por encima del protagonista.
Pero que no se caiga en el error de empezar por el final. La obra construye a unos personajes increíblemente sólidos y ricos. Un Fausto excesivo a la maniera Marlowe; un secundario Benvolio beligerante, inquietantemente somnoliento en su primera aparición... pero sobre todo un Mefistófeles poliédrico y cambiante. No sé que pasa con los autores que meten al diablo en sus ficciones pero casi siempre, siempre, siempre se comen a sus compañeros de reparto. Mefistófeles se presenta seductor, prosigue como esclavo abnegado y acaba actuando con una fría honestidad de redomado hijodeputa.
A estas horas se me acaba el tema. Resaltar también que, de momento, es la obra más antigua que he leído que evidencia que el infierno está entre nosotros - se acabó el mencionar a Sartre.